Tuvo un día complicado en el trabajo y un viaje de regreso a casa espantoso. Abre la puerta de su casa y se encuentra a sus dos gatos y a su perro esperando para recibirlo. Sonríe y empieza a sentirse más relajado. ¿Qué podría ser mejor?

"No hay palabras para describir el entusiasmo que uno ve en sus ojos al llegar a casa todos los días, la devoción que sienten por uno. El amor es mucho más profundo que el que nos demostramos los humanos. Todo lo que piden a cambio es un poco de comida, una golosina de vez en cuando, un tiempo para jugar y, por sobre todas las cosas, amor y atención. Gracias a mis cuatro pastores alemanes blancos, mis días en esta tierra son mucho mejores", dijo el asegurado Ron B.

Siga leyendo más historias de mascotas.

Tenga en cuenta que los siguientes consejos de los asegurados no reflejan necesariamente la opinión de Blue Cross and Blue Shield. Estos consejos se comparten con el fin de brindar información general solamente. Consulte con su médico para recibir asesoramiento específico.


Traen amor incondicional y calma a un día complicado. ¡Nadie nos ama más!

— Suzanne A.


Mi mascota es mi tesoro. Es un perro de servicio que me ayuda a mantener mi independencia. Se llama Luke y creo que me lo mandaron del cielo, porque Él escuchó mis plegarias de tener un perro dulce, y no me costó un centavo. Tengo esclerosis múltiple, y por eso soy elegible para recibir un perro de servicio. 

Luke es mi perro de servicio, trabaja para mí. Es mezcla de labrador y golden. Conoce más de 40 órdenes que aprendió de cachorrito para hacer tareas específicas. ¡Es tan inteligente! Se endereza cuando le coloco su chaleco, porque sabe que no debe pedir mimos a otras personas y que debe ignorar a todos menos a mí.

Estoy muy agradecida de tener su compañía. Soy muy responsable con su cuidado y aseo, que incluye cepillarle los dientes, cortarle las uñas, limpiar sus orejas y bañarlo/cepillarlo. El amor y suavidad con el que me trata son mi regalo del cielo.

Parece preferir a mi esposo y se entusiasma mucho cuando aparece. Es el momento de descanso de Luke. Cuando no está trabajando, puede comportarse como el cachorro que es. Mi esposo juega con él y salen a caminar juntos.

Como el de todos los perros, el amor de Luke es incondicional y deja rastros en forma de pelo dorado por todos lados para recordárnoslo.

- Kara B.


christina_perro_1

Yo no quería un perro, a mí me gustaban los gatos. Son tan fáciles de cuidar y suaves, y no es necesario sacarlos a pasear. Así que cuando mi esposo, mi hijo pequeño y yo nos mudamos de estado, nos llevamos nuestro gato. Pero mi pequeño necesitaba un amigo. De repente me vi arrastrada al mundo de los cachorros.

Zapatos mordidos, alfombras rotas, charcos por todos lados... no era broma. Pero sí fue una sorpresa. Ahora en realidad me gustan más los perros. Ranger, esa perra olorosa, loca, exigente, es una retriever de Nueva Escocia. Ahora es adicta a correr la bola en la piscina de nuestro patio trasero. Cuando mi hijo más grande se fracturó el pie, recurrí a pagarles a los niños del vecindario para que jugaran con ella a lanzar la bola y que la trajera, porque sino me tiraba bolas de tenis a mí todo el día.

Mi hijo más chico se enferma con frecuencia, y cuando la vida se nos pone difícil, ahí está la perra para sentarse en su regazo y forzarnos a todos a salir de casa y ejercitarnos. Rompe el hielo con los vecinos con su apariencia singular, su inteligencia y rapidez y su mirada intensa. Cuando mi esposo sale en viajes de negocios y escucho algún ruido, me reconforta saber que si la perra no está ladrando, no pasa nada y estoy a salvo. 

christina_perro_2

Si mis niños tuvieron un mal día y sienten que el mundo está en su contra, ahí está la perra para saltar y saludarlos como si fueran lo mejor del mundo y que SÍ SON especiales para alguien.

Cuando me siento estresada me recuesto en mi cama con ella. Acariciar su pelaje suave baja mi frecuencia cardíaca y hace desaparecer mis problemas por unos instantes. Sí, diría que mi mascota sin dudas hace que mi vida sea mejor.  


— Christina B.


Tengo prolapso de la válvula mitral. Provoca que mi frecuencia cardíaca se acelere, por lo general a mitad de la noche. Es un problema con el que sufro desde que era adolescente. Tomo medicamentos, pero sigo teniendo episodios en los que mi corazón se acelera.

Hace unos años, mi hija trajo un gato a casa, que ha incidido en gran medida en mi salud. Cuando me levantaba por las noches con el corazón acelerado, creo que sentía que algo andaba mal. Se sentaba en la silla junto a mí y se apoyaba sobre mi pecho. Ya hace varios años que tenemos a nuestro gato. Mis episodios fueron disminuyendo. Suelo decir que mi gato es terapéutico. Me da paz y me reconforta. 

— Julie D.


Tenemos tres gatos, dos hembras y un macho. Aunque las chicas son afectuosas, el macho joven espera a que llegue a casa para juguetear a mi alrededor. Duerme con nosotros y durante la noche se pasea suavemente para observarnos. Los tres gatos se turnan para acurrucarse juntos a nosotros y relajarnos con sus ronroneos.

— Robert M.


Nos encantan los perros, pero por ahora tenemos solo un gato. ¡Pero qué gato! Shadow piensa que es perro. Le gusta jugar a correr y atrapar un pequeño anillo de plástico que lanzamos al otro lado de la habitación. Lo persigue, los recoge con su boca y nos lo trae de vuelta para que volvamos a empezar. Una y otra vez.

Y nos hace reír (lo que es bueno para nuestra salud). A Shadow le gusta esconderse detrás de algo y luego saltarnos con las cuatro patas desplegadas en el aire. Y después sale corriendo. Por ahora nuestro gato es mucha diversión, y también mimos.

— Dave and Neta J.


darlene_perro

Mi perra Sera (diminutivo de Serendipity) es una integrante de la familia peluda y tranquila que da amor incondicional y nunca pide el auto prestado.

Por lo general parece malhumorada/aburrida (pero es solo su cara), en realidad es una perra muy dulce. Fue una perra rescatada que trajimos a casa solo como hogar provisorio de acogida. Caminamos todos los días y me da alegría a pesar de que desde hace poco necesita un paseo a las 3 a. m. Amo a mi mascohija (mascota-hija) y no me imagino la vida sin ella.


— Darlene P.


Mi esposo y yo tenemos cuatro gatos y gracias a ellos nuestras vidas son mejores. A Aslan le gusta jugar con la bola saltarina, traerla hasta nosotros, maullar para jugar y devolverla para continuar con el juego. A Ishme le gusta su juguete giratorio, le encanta que lo lancemos para perseguirlo y traerlo de vuelta para que lo volvamos a lanzar. Georg nos habla y es especialmente cuidadoso para decirnos que nos vayamos a dormir. A Leyte le gusta ver televisión o sentarse a mi lado mientras leo un libro. Disfruta de ciertas películas. También le gusta que le lean, por supuesto historias sobre otros gatos.

Jugar con nuestros gatos nos permite ejercitar y nos ayuda cuando vivimos momentos de estrés (el ronroneo es maravilloso). Cuando estaba deprimida, saber que tenía la responsabilidad de limpiar la caja higiénica de otro me ayudaba a atravesar el mal momento.

— Sue T.


El solo hecho de acariciar a mi perra, Cello, me trae alegría y me hace sentir que baja mi nivel de estrés. Pero además se trata de la responsabilidad y el compromiso que tengo hacia ella de salir de casa todos los días para sus caminatas. La expectativa en su rostro es la motivación para salir al aire libre, respirar y disfrutar lo que la vida nos da. 

Y como es tan bonita, las personas se paran y se ponen a conversar con nosotros. Veo a otras personas, incluidos adultos mayores, que sacan a pasear a sus perros. Los perros logran que salgan personas que de otra manera se quedarían solas en casa.

También me encantan los pájaros. Mi tía de 90 años adoptó dos. Ahora casi todas nuestras conversaciones son sobre los que hicieron Pete y Angie (sus pájaros) durante el día. Las aves traen buen chi a una casa: no solo energía positiva, sino también alegría con su gorjeo/canto.
 
No me imagino la vida sin mascotas. ¡Traen tanta alegría!

— Penny P.


La hija adulta de mi esposo, Susan, vive con nosotros. Tiene diversos problemas médicos, incluida la enfermedad de Graves, diabetes y colitis ulcerosa. Hace un par de años rescaté a Kobe, un Cocker Spaniel de 6 años.

Kobe y Susan se llevaron bien de inmediato. Lo saca a pasear tres veces por día. Susan pasó de ser una persona infeliz y sedentaria con sobrepeso a bajar bastante de peso. Ahora es más simpática, se siente mejor, se ve mejor y está feliz. ¡Mi esposo y yo también nos beneficiamos con nuestro familiar cuadrúpedo!

— Deb T.


dionne_perro

Tener a mi perra Jade en mi vida me hace amar levantarme por las mañanas. Cuando me siento deprimida o simplemente no me siento del todo bien, ella me roba una sonrisa. Cuando le hablo me entiende y reacciona. Me completa, y le digo todos los días cuánto la amo.


— Dionne H.


Hace unos 11 años cedí a los ruegos de mi familia y trajimos un perro a casa. Adoptamos a Cooper, un cachorrito mestizo de labrador color marrón claro y blanco con una mancha negra en la punta de la cola y arrugas graciosas en su frente. Terminó siendo quien nos ayudó a atravesar momentos difíciles cuando mi esposo y yo nos quedamos sin trabajo, y luego a mí me diagnosticaron cáncer de mama.

Después de dos cirugías sentía dolores, estaba cansada, quebrada y aterrorizada de empezar el tratamiento de radiación. Esta nueva sensación de ansiedad me dificultaba mucho salir de la cama. Mi fiel Cooper se recostaba en el piso al lado de mi cama todos los días. Un día en el que me sentía particularmente mal mi esposo alentó a Cooper a que subiera a la cama, rompiendo nuestra regla familiar, para acostarse a mi lado. Ese momento cambió mi vida y mi recuperación. 

Cooper se recostaba dulcemente con su cabeza sobre mi estómago y simplemente me miraba, y sus arruguitas graciosas me llenaban de ternura. Supe que debía levantarme. Debía dejar de esperar al momento de sentirme mejor y empezar a moverme para poder lograrlo.

De alguna manera esos ojos compasivos de perro me dijeron tanto. Mi familia y amigos me decían miles de palabras de aliento y apoyo, pero fueron los ojos de mi amado perro los que le hablaron a mi corazón. Sigue inspirándome para hacer más y moverme más.

— Patti S.


Tengo un cuadro grave de hipertensión, y simplemente mirar a Rafa (un boyero de Flandes) me hace muy feliz. Mantiene mi presión controlada. Nuestras caminatas diarias me ayudaron a bajar de peso y mantenerme. En los paseos hablamos con las personas, y él mejora mucho esos encuentros.

Como está bien educado, viene conmigo al trabajo. Hemos viajado por todo el país. Hubo momentos en los que conducía con sueño y me lamía el rostro para mantenerme despierto. ¡Eso es un buen chico!

— Mike G.


Poco después de jubilarme en 2015, falleció mi gato de 19 años. Mi duelo fue largo y difícil. Aunque era difícil para mí pensar en otra mascota, sabía que era importante no vivir sola. 

Después de buscar un gato nuevo durante meses, todavía no había logrado encontrar el correcto. Fue en ese momento que Rufus me encontró a mí. Es un Maine Coon grande rojo y blanco. Es tranquilo y silencioso, y juguetón. Y es tan buena compañía.

Nadie debería vivir solo. Todos necesitamos dar y recibir amor, cuidar de alguien más allá de nosotros mismos, saber que alguien nos necesita. Es lo que nos hace humanos. Una mascota cubre esa necesidad a la perfección.

— Nancy W.


devon_gato

Adopté un gato durante un momento muy estresante de mi vida. Mis padres se estaban divorciando al mismo tiempo que yo terminaba la universidad y empezaba a trabajar y me mudaba a mi propio lugar. Me sentía tan abrumada y triste que no quería salir de mi apartamento.

Mi gato hacía que mi apartamento se sintiera más como un hogar. Me relajaba y me calmaba, y eso era un alivio enorme. La mejor parte de tener a mi gato es que realmente me ayuda con mis problemas para dormir. Cuando me siento inquieta o preocupada se me acerca, se recuesta encima mío y eso me dificulta moverme, y me quedo dormida inmediatamente. Las mascotas son de alguna forma un tipo de medicina. 


— Devon C.


Tengo una depresión leve. Mis mascotas -dos perros y un petauro del azúcar- me dan paz. Cuando llego a casa están tan felices de verme. No existe un humano que haya respondido de esa forma a mi presencia.

— C.